miércoles, 28 de septiembre de 2011

La caza del Mamut


Cuando vine aquí, me dije: "vamos a centrarnos en calidad, en productividad y eficiencia, y vamos trabajar en el negocio".Esa frase tiene una propiedad: Romuald Rytwinski, el Director General de GM ahora destinado a Rusia. Este hombre con cara de buenachón y del que dada su cara de satisfacción, seguramente se le asociaría más a la conducción de un cortacesped en una soleada mañana de Luisiana, que a la dirección de una compañía como GM España, dijo estas tremendas palabras en el trascurso de una entrevista al Heraldo de Aragón. ¡¡¡ Qué exagerado !!! pensará usted, amigo lector. La hemos oído en multitud de foros, entrevistas, libros..... y será por eso que han perdido toda la fuerza y la grandeza que conllevan. CALIDAD, PRODUCTIVIDAD y EFICIENCIA. Miren, así y todo hasta tiene musicalidad.
Tuve un amigo sindicalista que navegaba por la vida reduciendo toda discusión a la expresión más simple. A la sociedad en dos bandos: los buenos y los malos, y lo relativo a economía, en explotadores y explotados. Yo comulgaba y sigo en la misma línea, de que todo lo que nos ocurre a nivel social como personal, efectivamente tiene normalmente su naturaleza sencilla y por tanto, las soluciones lo son de la misma manera, el problema estriba en encontrarlas, evidentemente.  Pero no hay que confundir naturaleza sencilla con simplicidad. Les digo esto porque, siguiendo la dialéctica..... digamos del sindicalista, la clase trabajadora debe andar con cuidado para que el patrón no pisotee sus derechos y le explote. Antes le llamaban “lucha de clases”. Ahora sinceramente, no se como se llama, pero en el fondo tiene la misma raíz. La traducción es como una especie de dos bandos que se miran a través de la trinchera a esperar el uno, el movimiento del otro para atacar o defender. Y sin embargo no pueden vivir el uno sin el otro. En las noches locas de discusión dialéctica sobre el asunto, apoyados en la barra de una tasca del barrio y a menudo con la lengua atascada por los chatos de vino, defendía desde mi posición de trabajador, que nuestra obligación es de hacer nuestro trabajo lo mejor posible, en el menor tiempo posible con lo que se me mandaba para que el jefe llevara la empresa adelante. La traducción pasados los treinta años sería: calidad del trabajo, productividad y objetivos cumplidos (eficiencia) y que el jefe haga negocio.
-         ¡¡¡Eres un vendido ¡!!!! Me acusó.
-         - ¿Y tu que ganas? –me interrogó con los ojos arrugados
-         ¿Yo? –le contesté mirando al camarero que esperaba la respuesta con una botella en la mano- simplemente hago lo que hacemos los humanos desde el principio de los tiempos cuando cazaba mamuts: fabricar buenas herramientas (calidad) para matar la mayor cantidad posible de bichos en el día (productividad) y con ello lograban sobrevivir y desarrollarse (eficiencia).

El camarero me miró fijamente unos instantes y me saltó con la pregunta del millón:
-         ¿Y el negocio dónde estaba?.
-         Amigo mio, le contesté. Creo que lo hacían las hembras.

Fue lo último que oyó mi amigo sindicalista antes de derrumbarse sobre el mostrador. Hoy, tiene un negocio mediocre y muchas arrugas porque según me ha dicho, nunca ha entendido esas tres claves. Sólo cambió de bando en su particular lucha de clases.


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