El 2010 entró en la UCI
enfermo de gravedad para terminar palmándola, como era de prever. Este juego de
la Vida, digan lo que digan, no deja de ser algo totalmente subjetivo y lo digo
porque, a pesar de que lo etiquetamos como un año de crisis, como su vecino
2009, a cada uno de nosotros nos ha ido de manera diferente. Al igual que
cuando en el quinquenio anterior se le etiquetó de próspero, a nivel individual
hubo de todo, como tiene que ser.
Porque debemos partir del
concepto poco usual en nuestra cultura de que todo lo malo que nos ocurre,
lleva en sí mismo, en su propia naturaleza, la semilla de lo bueno, y
viceversa. Pero esta historia la comenté.
-
Si, te estás repitiendo -dice mi
amigo-. Eso es síntoma de vejez.
Ignorando el comentario,
quiero decir que, en el fondo no hay años malos ni buenos. Nos guste o no,
vivimos inmersos en un ecosistema natural que tiene sus propias reglas y los
humanos, no hacemos más que imitarla en todas nuestras actividades. Lo que
ocurre es que lo hacemos de manera inconsciente y en general, vivimos de
espalda a esa conciencia de sistema vivo universal.
-
Me huele a discurso místico……. –me dice mirándome de soslayo-
- Míralo como quieras. Si
estamos aquí es por que antes han ocurrido en la Tierra catástrofes de magnitudes
tremendas. ¡Que te voy a contar que no sepas!!. De hecho, la base de nuestro
desarrollo industrial se basa en los restos de ese mundo que un día se fue a
tomar viento: los carburantes. Entonces, lo que en su momento fue malo para los
dinosaurios y sus primos, a nosotros nos ha ido de coña. Entonces….
- Me lías……
Somos demasiado
racionales y nos empeñamos en etiquetar, vivir de la analítica y en función de
sus resultados, hacemos nuestras previsiones, pero nos olvidamos de que el
ecosistema en el que nos movemos, tiene sus propios planes para cada uno de
nosotros, basados en la experiencia, la casualidad, y lo inevitable. Los años
que pasamos, no son ni malos ni buenos. Son una experiencia más.
El futuro de una empresa
depende de muchos factores, como las personas. De la economía general, por
supuesto, pero depende de que, quien rige sus destinos posea la capacidad de
innovar o conservar, pero esa capacidad depende por otro lado de otro factor,
el personal. Puede ocurrir que por casualidad o por reflexión, descubra una
nueva línea de negocio, o una manera diferente de producción. Si en su vida
personal atraviesa una etapa creativa, estará más motivado. Si pasa por una
crisis, por ejemplo de pareja, seguramente atravesará una fase conservadora. O
no.
El ambiente general
contribuirá a que confluyan profesionales capaces de seguir el ritmo innovador
del líder e incluso generar más ideas, o por el contrario se convierta en una
plomiza organización incapaz de asumir ningún cambio sin problemas.
La clave se encentra en otro
concepto que nos viene de Oriente y que a nuestros profesores, se les escapó
explicarnos: la aceptación. Ojo, la aceptación no implica inmovilidad. Aceptar
lo que nos ocurre a nivel personal, empresarial y en nuestro entorno, debe
suponer la adaptación, no la sumisión. Aceptación no es sinónimo de
inmovilidad, al contrario conlleva actividad.
Aceptar que estamos en un
tiempo complicado conlleva el pensar cómo sobrevivir en este nuevo entorno.
Aceptar que tenemos una enfermedad grave, significa no revelarse contra lo
inevitable y buscar modelos de curación que de seguro, nos llevará a nuevos
modos de vida y comportamiento. Romperse la cabeza con el porqué conlleva
meterse en barrizales poco recomendables.
-
Amén.
-
Amén –le contesto-
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