miércoles, 28 de septiembre de 2011

La aceptación


El 2010 entró en la UCI enfermo de gravedad para terminar palmándola, como era de prever. Este juego de la Vida, digan lo que digan, no deja de ser algo totalmente subjetivo y lo digo porque, a pesar de que lo etiquetamos como un año de crisis, como su vecino 2009, a cada uno de nosotros nos ha ido de manera diferente. Al igual que cuando en el quinquenio anterior se le etiquetó de próspero, a nivel individual hubo de todo, como tiene que ser.
Porque debemos partir del concepto poco usual en nuestra cultura de que todo lo malo que nos ocurre, lleva en sí mismo, en su propia naturaleza, la semilla de lo bueno, y viceversa. Pero esta historia la comenté.
-         Si, te estás repitiendo  -dice mi amigo-. Eso es síntoma de vejez.
Ignorando el comentario, quiero decir que, en el fondo no hay años malos ni buenos. Nos guste o no, vivimos inmersos en un ecosistema natural que tiene sus propias reglas y los humanos, no hacemos más que imitarla en todas nuestras actividades. Lo que ocurre es que lo hacemos de manera inconsciente y en general, vivimos de espalda a esa conciencia de sistema vivo universal.  
-         Me huele a discurso místico……. –me dice mirándome de soslayo-
- Míralo como quieras. Si estamos aquí es por que antes han ocurrido en la Tierra catástrofes de magnitudes tremendas. ¡Que te voy a contar que no sepas!!. De hecho, la base de nuestro desarrollo industrial se basa en los restos de ese mundo que un día se fue a tomar viento: los carburantes. Entonces, lo que en su momento fue malo para los dinosaurios y sus primos, a nosotros nos ha ido de coña. Entonces….
- Me lías……
Somos demasiado racionales y nos empeñamos en etiquetar, vivir de la analítica y en función de sus resultados, hacemos nuestras previsiones, pero nos olvidamos de que el ecosistema en el que nos movemos, tiene sus propios planes para cada uno de nosotros, basados en la experiencia, la casualidad, y lo inevitable. Los años que pasamos, no son ni malos ni buenos. Son una experiencia más.
El futuro de una empresa depende de muchos factores, como las personas. De la economía general, por supuesto, pero depende de que, quien rige sus destinos posea la capacidad de innovar o conservar, pero esa capacidad depende por otro lado de otro factor, el personal. Puede ocurrir que por casualidad o por reflexión, descubra una nueva línea de negocio, o una manera diferente de producción. Si en su vida personal atraviesa una etapa creativa, estará más motivado. Si pasa por una crisis, por ejemplo de pareja, seguramente atravesará una fase conservadora. O no.
El ambiente general contribuirá a que confluyan profesionales capaces de seguir el ritmo innovador del líder e incluso generar más ideas, o por el contrario se convierta en una plomiza organización incapaz de asumir ningún cambio sin problemas.
La clave se encentra en otro concepto que nos viene de Oriente y que a nuestros profesores, se les escapó explicarnos: la aceptación. Ojo, la aceptación no implica inmovilidad. Aceptar lo que nos ocurre a nivel personal, empresarial y en nuestro entorno, debe suponer la adaptación, no la sumisión. Aceptación no es sinónimo de inmovilidad, al contrario conlleva actividad.
Aceptar que estamos en un tiempo complicado conlleva el pensar cómo sobrevivir en este nuevo entorno. Aceptar que tenemos una enfermedad grave, significa no revelarse contra lo inevitable y buscar modelos de curación que de seguro, nos llevará a nuevos modos de vida y comportamiento. Romperse la cabeza con el porqué conlleva meterse en barrizales poco recomendables.
-         Amén.
-         Amén –le contesto-

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